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lunes, 26 de junio de 2017

Hubiera querido mimos que no tuve.
Ese hombro del que hablan y que no estuvo.
Intuía
que
huimos al dolor ajeno.
No hubo consuelo para el mío.
Aprenderé a camuflarlo. Mejor así.

domingo, 28 de mayo de 2017

Caminante

Cada vez más griego
No sé dónde se habrá dejado el escudo
Seguro que en un rincón de la casa varsovita que no compartiremos
Cerca de la cama que nos sirve de guarida
Su perfil moreno se recorta más en la cercanía del aliento,
parece que se acabara de retirar el casco, desordenado el pelo
Hoplita cansado de la batalla, más lejano cuanto más amado
Blande húmeda la lengua en el yermo campo de mi principio
Caminante, si vuelves y le ves,
Dile
Dile que aquí perezco,
y que le espero en obedeciencia a mis leyes
Pero que no tarde
Que no tarde

domingo, 12 de marzo de 2017

Escapar de Varsovia

Avioncitos de papel con ventanucos de colores
fucsia, verde, amarillo,
enmarañan el cielo de ruidos de motor,
entretejen estelas que huyen del frío.

Voy en todos y cada uno
Soy una araña mínima que todo lo puede.
Voy allá, acullá, más y más lejos
Desconozco el destino, no importa
Tampoco lo hacía hace años, cuando escribí su nombre en una lista
Y llegué aquí.

domingo, 11 de diciembre de 2016

uNA vEz ME dIERON


Invierno en la esquina

Envuelta en una luz que no ilumina, blanca
Luz que no brilla
Pienso en las ironías de la vida
En que he sentido que estaba cerca y ni siquiera se vislumbraba aquello que quería y quiero y sigo queriendo
Él, que se ha ido sin irse
Que está sin serse
Quizá el deseo haya trastornado mis sentidos
Y ahora que abro los ojos veo y no quiero
Pero debo querer para poder volver a ver
Volver a vibrar, a mirar con la intensidad de la que un día fui capaz
cuando un hombre pasó el puente azul que había entre sus pupilas y las mías
Él, que se fue sin irse
Que ha vuelto y aún no está
Tejió un velo secreto que me enmaraña, cabeza, corazón, cuerpo
Vuelve, vuelve para labrar la tierra seca de mis entrañas,
Vuelve y quédate.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Al compás de la nieve se enfría la cama. Lejos queda el pulso del otro, del cuerpo casi amado, al otro lado de un imaginario puente que ya no cruzaré. Aprieta con su mano la mía, estruja mi pecho en el más profundo de sus sueños, se aleja en la tormenta de una pesadilla química, como barco que ha soltado amarras, adentrándose en la oscura mar. Creo que fui dichosa. Ahora ya no sé si lo soy. Quizá mañana. Siempre nos quedará mañana.

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