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jueves, 20 de octubre de 2016

21 de octubre de 2012

Hace casi dos meses escribí un poema a quien aún no termino de conocer, pero que resultó premonitorio: apoyo mi mejilla en su pecho, que es de otro y es el sin embargo esperado, lo chupo, lo muerdo, lo devoro, a él que no es él pero sí. Su cama es mi infinito, pero entonces ni lo imaginaba.
Extraño extraño azar.

martes, 18 de octubre de 2016

Día de Poniente | Epílogo: Varsovia, 17 de octubre, entrada la noche

Dijo:
 

"Esta es mi casa. Sé bienvenido. Entra.
Sus muros vibran en azul y sal.
No hay habitación que el sol no haya refrescado, 

ni patio que el poniente no blanquee.
Pasa.
Abre las ventanas.
Recuéstate en ese rincón, que te meza el agua y su murmullo de plata.
Quédate."
 

Él entró.
Abrió las ventanas. Una a una.
Una suave brisa iluminó la estancia.
Dejó que el fresco le arrullara.

Y decidió olvidar la marcha para mañana.
O para cuando pasaran otros mañanas.
 

De esto ya hace mucho.

*** 

Amarillea el cielo.
Arrecia un viento cuyo nombre desconozco.
Ya no hay sol;
tampoco blanquean las esquinas de estos patios angostos.
Todo lo domina un gris continuo, como de aliento que desfallece.
Bloques y bloques de colores que me son ajenos se multiplican,
se superponen a la quebrada línea del horizonte, rota por ese centro que es de hormigón, cemento y hierro.
Ha vuelto el frío.
Y ayer, hoy, ayer,
ayer, qué sé yo,
él también se fue.

sábado, 1 de octubre de 2016

Cuando no sabía

Arriba algo se anda cocinando solo para mí.
Solo para mí.
¿Qué será, será? ¿Quién será, será?
Él, que abrió las puertas de mi desvencijado corazón, se fue,
no sé dónde está.
Otro distinto ha llegado, inesperado.
Quédate

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