Damnatio memoriae

Habrá que ser tenaz. Decidida, borrar cada uno de sus rasgos. Apenas se recuerdan ya sus manos, quizá que trepaban muslos. Quedan aún su sonrisa y sus ojos, la mirada glauca. Solo un esfuerzo más, y se perderán en la memoria de lo decididamente no vivido, la que es mi castigo, la que no criba. No seré libre. Tampoco feliz. Respiraré.

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